Mi trabajo artístico se desarrolla en paralelo —y en cierto modo en diálogo— con mi trayectoria como diseñador gráfico e ilustrador. Esa experiencia ha influido de manera directa tanto en los medios que empleo como en mi forma de concebir la imagen: clara, construida, accesible y pensada para convivir con quien la mira.
Creo obra gráfica digital —única, en series limitadas certificadas o en series abiertas— que ya forma parte de colecciones públicas y privadas, y cuyo reconocimiento es cada vez mayor. Me interesa crear imágenes limpias, llenas de color y con un punto reconocible, conectadas con escenas, paisajes y referencias de la vida cotidiana. Mis piezas funcionan como recuerdos visibles, lugares familiares o pequeños guiños culturales que aportan personalidad a cualquier espacio.
Entre mis series más reconocidas se encuentra Reggaeton Art, iniciada en 2018 a partir de un proyecto de divulgación y apoyo a nuevas corrientes artísticas influenciadas por la cultura musical del reggaetón. La propuesta parte de la idea de que este género ha contribuido a expandir el uso del español a escala global, de un modo comparable a cómo el pop o el rock lo hicieron con el inglés. De la misma forma que la cultura pop se expandió a las artes plásticas a través del Pop Art, comenzaba a vislumbrarse una nueva corriente que bien podría denominarse Reggaeton Art. En 2020 diseñé y colaboré en la redacción del 1er Manifiesto Reggaeton Art, en el que también participo como artista invitado, y donde ya se definían líneas como barrios, retratos, remakes y featurings del reggaetón.
La serie Suite Alicantina comenzó con mi traslado a Alicante y pone el foco en lugares visitados jugando con la abstracción y el simbolismo. Es una recuperación actualizada del paisaje como superposición de vectores que generan la ilusión de perspectiva, casi siempre mediante el uso del color plano.
Estas series —y otras en desarrollo— no son compartimentos cerrados: algunas obras viajan de un contexto a otro de manera transversal, mientras otras preservan su singularidad, abriendo nuevas perspectivas y resistiéndose a una etiqueta. En realidad, estas reflexiones funcionan como sistemas organizativos para abordar y presentar distintas temáticas, pero todas mis panorámicas comparten al mismo narrador, la misma voz.
Trabajo en una reducción aparentemente desordenada a modo de trencadís, cristalizando las formas para desvelar la verdad de las cosas. Más que pintar, construyo las imágenes con recortes de color.
En los últimos años he ampliado mi lenguaje incorporando la inteligencia artificial como herramienta para proyectos donde la narrativa guía la forma. La IA me permite crear imágenes que fusionan un lenguaje digital refinado con un estilo fotográfico realista, a veces intervenido con ilustración vectorial, otras presentado tal cual. Cada obra despliega una historia, un gesto, un instante que se sostiene por sí mismo más allá de su apariencia. Entre mis logros recientes destaca la selección de Instante interferido en el Certamen Miradas 2026, un reconocimiento que evidencia cómo la inteligencia artificial se va consolidando en los circuitos del arte contemporáneo.
En definitiva, defiendo un arte popular, accesible aunque no modesto. Un trabajo de autor, pero con el corazón puesto en la complacencia del observador. Mis obras son experiencias sensoriales, no estudios sociológicos, experimentos científicos ni proclamas políticas, pero tampoco simples objetos decorativos: son ventanas para el placer y el optimismo.
Actualmente continúo trabajando estas series y otras obras, tanto por encargo como de manera personal, en paralelo a mi labor en el estudio de comunicación gráfica Proyecto Limón.